Ojalá pudiera pensar en todos mis actos.
Ojalá pudiera echar el tiempo atrás y... recuperar el tiempo perdido. Aquel que se quedó sin uso en un pasado. Que no volverá nunca más y que habrían sido buenos momentos para expresar lo que pensaba. Lo que sentía.
Y a veces me arrepiento.
Me arrepiento mucho, y eso sienta mal. Sienta mal a cualquiera.
Pero creo que a mí me puede sentar peor que a cualquiera, porque soy una de esas personas que se sienten mejor cuando expresan lo que creen, lo que piensan, lo que sienten.
Esas personas que cuando no dicen algo, revientan.
Y eso es lo que me pasa después.
Después de perder el momento perfecto para decir lo que pasa por mi cabeza.
Y ahí me quedo, como una imbécil viendo como he desaprovechado la oportunidad perfecta una vez más.
Y pienso. Y vuelvo a pensar. Y cosas pasan por mi cabeza.
¿Qué me hubiera dicho si me hubiera lanzado?
¿Qué cara hubiera puesto?
Nunca lo sabré, y todo por la simple razón de que he desaprovechado la oportunidad.
Otra vez. Una vez más.
Tonta, tonta y tonta.
Y otra vez, me vuelvo a arrepentir.
Ains, la rutina de todos los días.
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