Puntual como un reloj, Fernando se detuvo ante la puerta de Melisa y se preparaba para el mejor de sus días. No se quería separar de ella ni un minuto. La quería besar, la quería besar y tocarla todo, hasta que el calor puediera con él. Quería llegar hasta el fondo, hasta el fondo de Melisa. Y sobre todo, quería disfrutar.
Tocó el timbre y Melisa lo recibió con una sonrisa. Con una sonrisa y en sujetador. Tentadora, irresistible. Fernando la deseaba con todas sus fuerzas.
-Entra Fer.
-Estás...
-¿Espectacular? Lo sé, jaja. Me he puesto así sólo para ti.
Fernando babeaba como un niño pequeño delante del mayor caramelo del mundo; y no era para menos.
Como un tonto, entró a la habitación siguiendo a Melisa. Y allí, en la cama de sus padres, donde a menudo saltaban los muelles del colchón por el uso, empezó la venganza.
Melisa le quiso hacer disfrutar antes de lo que iba a suceder, pero no pudo impedir que las lágrimas se le derramaran cuando recordó lo que había visto el día anterior.
Acabaron lo que habían empezado, y como de costumbre, la copita de vino y el cigarrillo.
A la media hora, con la copa vacía de vino al lado y el cigarrillo apagado, Fernado yacía dormido sin más en la cama, sin pensamiento... pero sabiendo que nunca más se iba a volver a levantar. Muerto de cuerpo y de cabeza. La venganza había podido con él. Y cerca de su cuerpo sin vida, lloraba Melisa. Lloraba, no de tristeza si no por la venganza bien cumplida. Pero sabía que dentro de varias horas, días, semanas, se iba a arrepentir de lo que había hecho: matar al amor de su vida... y todo por saborear la venganza.
Lo había matado, sí, lo había hecho. Quizás no se debería haber pasado tanto. Pero ella sintió que la habían matado cuando vió aquel amargo beso, y quiso ver como su amigo, compañero, pero sobre todo infiel amante, sufría igual que ella.
Y así fue, me revelé contra todo hasta el Sol.
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sábado, 17 de abril de 2010
La dulce venganza.
Etiquetas:
Cuentitos agudos.,
Melisa,
todo habla de amor.
jueves, 15 de abril de 2010
Hoy, no sé por qué me ha apetecido comenzar una historia. Ya la iré continuando. Espero que os guste el principio :)
Fernando la llama. Y ella sonríe mientras está al otro lado del teléfono su amor.
-Vale, a las cinco estaré allí. Te quiero.
Con sus rizos de peluquería y recién salida de la ducha, Melisa comprueba si los zapatos los tiene bien atados antes de salir a la calle. Un Sol radiante quita el sueño a los gatos más dormilones de la tarde y brilla con muchísima fuerza.
Como si nada la importara, empieza a cantar y corre por las avenidas de la ciudad. Está feliz. Más radiante que el Sol. De repente, una piedra se cruza en su camino y para de cantar. Se intenta levantar pero, antes de incorporarse del todo ya tenía los ojos llenos de lágrimas, y no precisamente por el dolor de la caída.
Ahí, justamente delante de ella, a unos treinta pasos más, se encuentra el chico que la enamoró. El chico que hace dos horas la había llamado y que había quedado con ella. Ahí se encuentra, con otra.
No puede dejar de mirar por más que quiera. El dolor la come por dentro y no es capaz de apartar la mirada. Se siente defraudada, inútil, sin fuerzas. Con ganas de odiarle, pero sabe que sólo puede amarle.
Y allí se quedó durante el tiempo que duró el beso.
Intentando aguantar el llanto se fue a casa.
Luego, a las nueve de la noche, la llega un mensaje:
"¿Dónde te has metido? Te he estado esperando. Bueno, no pasa nada, ya quedaremos otro día. Sabes que te quiero, ¿no?"
Pensó que se iba a quedar sin ojos después de tanto llorar.
Pero sacó fuerzas de donde pudo y se armó de valor para contestarle:
"Es que no he podido ir, ¡lo siento! ¿Que te parece si quedamos mañana en mi casa? Estoy yo sola todo el día ;) Te quiero."
No pasó ni un minuto, cuando sonó el móvil de Melisa advirtiéndola de que tenía un nuevo mensaje:
"Claro que quiero. Me encargo yo de todo lo que hay que llevar para pasar un maravilloso día, ejem... sabes a lo que me refiero. ;) Te quiero."
Y la última contestación:
"De acuerdo. Vente sobre las doce de la mañana a mi casa, y pasamos aquí todo el día. Te quiero"
Lo que no sabía Fernando, es que aquel día no iba a ser tan maravilloso como él pensaba,y que iba a ser el último día que entraría a casa de Melisa...
Fernando la llama. Y ella sonríe mientras está al otro lado del teléfono su amor.
-Vale, a las cinco estaré allí. Te quiero.
Con sus rizos de peluquería y recién salida de la ducha, Melisa comprueba si los zapatos los tiene bien atados antes de salir a la calle. Un Sol radiante quita el sueño a los gatos más dormilones de la tarde y brilla con muchísima fuerza.
Como si nada la importara, empieza a cantar y corre por las avenidas de la ciudad. Está feliz. Más radiante que el Sol. De repente, una piedra se cruza en su camino y para de cantar. Se intenta levantar pero, antes de incorporarse del todo ya tenía los ojos llenos de lágrimas, y no precisamente por el dolor de la caída.
Ahí, justamente delante de ella, a unos treinta pasos más, se encuentra el chico que la enamoró. El chico que hace dos horas la había llamado y que había quedado con ella. Ahí se encuentra, con otra.
No puede dejar de mirar por más que quiera. El dolor la come por dentro y no es capaz de apartar la mirada. Se siente defraudada, inútil, sin fuerzas. Con ganas de odiarle, pero sabe que sólo puede amarle.
Y allí se quedó durante el tiempo que duró el beso.
Intentando aguantar el llanto se fue a casa.
Luego, a las nueve de la noche, la llega un mensaje:
"¿Dónde te has metido? Te he estado esperando. Bueno, no pasa nada, ya quedaremos otro día. Sabes que te quiero, ¿no?"
Pensó que se iba a quedar sin ojos después de tanto llorar.
Pero sacó fuerzas de donde pudo y se armó de valor para contestarle:
"Es que no he podido ir, ¡lo siento! ¿Que te parece si quedamos mañana en mi casa? Estoy yo sola todo el día ;) Te quiero."
No pasó ni un minuto, cuando sonó el móvil de Melisa advirtiéndola de que tenía un nuevo mensaje:
"Claro que quiero. Me encargo yo de todo lo que hay que llevar para pasar un maravilloso día, ejem... sabes a lo que me refiero. ;) Te quiero."
Y la última contestación:
"De acuerdo. Vente sobre las doce de la mañana a mi casa, y pasamos aquí todo el día. Te quiero"
Lo que no sabía Fernando, es que aquel día no iba a ser tan maravilloso como él pensaba,y que iba a ser el último día que entraría a casa de Melisa...
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